domingo, 8 de julio de 2018

GUERRILLAS EN LAS VILLAS Y MATANZAS (1960-1965)

Colaboracion de Jose Bello
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TIGRES DE LOS LLANOS: LOS PATRIOTAS DE MATANZAS
En la Provincia de Matanzas se peleó con furia. Después de Las Villas, Matanzas fue la región donde más se combatió contra el comunismo, utilizando tácticas guerrilleras. Más de veinte grupos de alzados se mantuvieron activos desde 1960 hasta 1965.
  El jefe guerrillero que más tiempo estuvo alzado en la Provincia fue Benito Campos, conocido por Campitos. Campitos era bajo de estatura, de pelo canoso, y usaba un sombrero Stetson negro y una ametralladora M3. Valiente y astuto, Campitos había sido capitán del Ejército Rebelde. Se había alzado en 1960 contra el régimen de Castro en Las Villas. Sus hijos, Chicho y José Martí Campos, también veteranos de la lucha contra Batista, iban con él. El alzamiento de los Campos fue auspiciado por el MRR Después de varios meses, operando en la zona de Las Villas, Campitos y sus hombres se trasladaron para la frontera entre las Provincias de Matanzas y Las Villas. Su guerrilla contaba con dos docenas de hombres y una amplia red de colaboradores que se extendía por las dos provincias.
A Campitos los comunistas lo llamaban El Majá, por su habilidad para eludir cercos. El propio régimen publicó que Campitos en el transcurso de un mes, burló veinte y siete operaciones militares. Este detalle nos dá una panorámica de quien era Campitos, de su coraje y valentía, pues eludir veinte y siete cercos en treinta días es una hazaña sobre humana. Por cuatro años Campitos y sus hombres mantuvieron en jaque a las fuerzas castristas, pero la guerrilla ya agotada en su lucha constante contra fuerzas superiores, fue rodeada y aniquilada.
El cerco fue tendido por tropas del LCB dirigidas por L tardo Proenza, Campitos y su grupo pelearon su última batalla en un cañaveral cerca del Central Mercedes. Seis hombres del LCB murieron en la refriega. Chicho y José Martí Campos murieron en la acción. Campitos herido, se parapetó y continuó combatiendo solo y tratando de huir, pero al no poder romper el cerco, sintiéndose acorralado, se pegó un tiro, muriendo el 4 de septiembre de 1964.
Otro de los guerrilleros legendarios de Matanzas fue Perico Sánchez González, un ganadero y hombre de familia de la zona de Jagüey Grande. Se alzó a los 48 años de edad sin tener experiencia militar, pero con el deseo de pelear por la libertad de su Patria. Uno de sus hijos, Raúl, fue miliciano, y había participado en la Primera limpia del Escambray. El muchacho regresó de Las Villas lleno de asco y abochornado, al í había visto a los milicianos quemando los bohíos de los guajiros que se negaban a ser relocalizados. Esta experiencia lo llevó a conspirar junto con su padre, aunque permaneció en la milicia para facilitar sus actividades conspirativas. Bajo investigación por actividades clandestinas, Perico Sánchez fue arrestado en dos ocasiones. La tercera vez que la policía lo intentó detener, Perico se batió a tiros con la policía castrista, donde resultó herido en una mano. Perico logró escapar, alzándose en la zona sur de Matanzas, armado de una ametralladora Thompson. Dos de sus cinco hijos, Pedro y Raúl, se alzaron junto con él. Desde abril de 1961 hasta mediados de 1963, las guerrillas de Perico Sánchez causaron estragos en las filas castristas. Los delatores fueron ajusticiados y las patrullas emboscadas. La guerrilla de dieciocho hombres fue cercada en Palmar Bonito por un batallón de milicias y unidades militares del MINFAR. Perico y sus hombres rompieron el cerco, librando combates continuos por cinco días. Pedrito, uno de los hijos de Perico, logró evadir el cerco escondiéndose en la Ciénaga de Zapata. Allí, hambriento, logró sobrevivir alimentándose de lo que encontraba a su paso en aquel inhóspito lugar. Mientras tanto, su padre reorganizaba la guerrilla después del combate del Palmar Bonito, llevando a cabo una serie de emboscadas audaces contra tropas del régimen.
Uno de los incidentes más conocidos ocurrió el 28 de enero de 1963, en las cercanías de Jagüey Grande. La guerrilla incendió un cañaveral y tendió una emboscada en los alrededores del incendio. Cuando un carro patrulla con cuatro policías se acercó al siniestro, los guerrilleros abrieron fuego, resultando muertos tres de los cuatro agentes. Unos días después, cercados nuevamente, los guerrilleros evadieron el cerco cruzando tembladeras pantanosas donde los castristas no se atrevían a pasar. El 7 de abril de 1963 en la finda Cantabria, entre Pedro Betancourt y Torriente; la guerrilla fue atrapada en otro cerco, estableciéndose un intenso combate donde murió el hijo de Perico, Pedrito Sánchez. Dos días más tarde y en la misma zona, su hermano
Raúl Sánchez y otro guerrillero, Wilfredo Rodríguez fueron ametrallados cuando intentaban cruzar la tercera línea de un triple cerco que habían tendido las fuerrzas del régimen. En este combate resultaron muertos cuatro milicianos y Perico con sus hombres lograron escapar. Deprimido por la muerte de sus dos hijos, y perseguido constantemente, Perico decide abandonar la Provincia de Matanzas, refugiándose por varias semanas en Güira de Melena en la Provincia de La Habana. Desde su escondite, Perico Sánchez mandó un último mensaje a sus hermanos: «Yo estoy vivo. Perdí a dos hijos. Intenté morir en el cerco, pero tengo que seguir luchando para acabar con estos comunistas». Cercado por unidades de la policía y agentes de la Seguridad del Estado, Perico Sánchez logró escapar de la casa donde se había refugiado, pero tropezó con otra patrulla frente a la fábrica de Carretas Comet a la entrada de Güira de Melena. Con su pistola en mano murió combatiendo al enemigo. Era la noche del 10 de mayo de 1963, en un mes tres miembros de la familia Sánchez de Jagüey Grande habían caido en combate.
Después de su muerte, el cadáver de Perico Sánchez fue transportado a su pueblo natal, siendo paseado por las calles del pueblo a la vista pública. Su primo, Tino Sánchez, un connotado comunista de la zona, iba sentado adentro del camión que llevaba el cadáver de Perico, y gritaba por un altoparlante, «al bandido Perico Sánchez lo eliminamos, ya el pueblo puede dormir tranquilo». El camión, con su carga macabra, pasó por frente a la casa de los padres de Perico Sánchez.
Otro de los más aguerridos jefes guerrilleros de Matanzas fue Juan José Catalá, conocido por el apodo de Pichi. Un hombre fuerte de baja estatura, el Pichi había sido teniente del Ejército Rebelde en la lucha contra Batista. Asignado como jefe militar de la zona de Jovellanos, y disgustado con el giro que tomaba la revolución, al Pichi no le tomó mucho tiempo comenzar a conspirar de nuevo. Auspiciado por el MRR, en 1960 se alzó en Matanzas. Su grupo, uno de los primeros, estaba bien organizado, operando en las zonas de Jovellanos y Bolondrón. Pichi logró coordinar con otros grupos de alzados acciones simultáneas. Sus ataques a vehículos del régimen se hicieron tan frecuentes, que en 1962 las tropas castristas sólo se movían en la tuna, de noche y en forma de convoys. Jeeps o camiones no se atrevían a moverse solos por las carreteras de Matanzas, ya que los hombres del Pichi estaban al acecho. En Pedroso, cerca de Pedro Betancourt, los guerrilleros incendiaron varios kilómetros de sembradío de caña que ardieron fuera de control. Los alzados coordinaron la acción para quemar la zona por varios lugares consecutivos. El fuego iluminó el cielo matancero como si fuera de día, y era tan intenso, que para apagarlo fue necesario llevar hasta Matanzas unidades de bomberos de la Provincia de la Habana. Después de cuatro días, más de veinte millones de arrobas de caña ardieron en el inmenso sabotaje, que se considera fue el mayor en toda la guerra.
Después de romper numerosos cercos, el 22 de marzo de 1963, Pichi con varios de sus hombres fueron atrapados en una finca cerca del Central Limonares. Armado de una carabina M2, Pichi Catalá murió en combate, enfrentándose a una tropa del LCB dirigida por el Comandante Lizardo Proenza. Al morir, el jefe guerrillero se encontraba cubriendo la retirada de sus hombres.
Hubieron numerosos jefes guerrilleros de probado valor y patriotismo, que combatieron contra el comunismo en la provincia de Matanzas. Uno de ellos fue el pintoresco jefe guerrillero Francisco Castañeda, conocido por Pancho Jutía, el cual adornaba los árboles de su región con letreros que proclamaban la zona: «Primer Territorio Libre de Pancho Jutía». Otros de los más conocidos jefes alzados fueron Gerardo Fundora, Gervasio Cabrera, Delio Almeida, Julio Falcón y Joaquín Benítez, conocido como El Capitán Bandera.
Los guerrilleros de Matanzas se mantuvieron activos pese a tremendos contratiempos. Hubieron guerrillas no sólo en las lomas y en los pantanos, sino también en los llanos, donde los alzados lograron funcionar escondiéndose en fincas, sembradíos y potreros. Muchos utilizaron cuevas para esconderse, llegando incluso a excavar cuartos subterráneos que cubrían con maleza para no ser detectados. Pese a que luchaban contra huestes muy superiores, los alzados de Matanzas pelearon heroicamente desde principios de 1960 hasta finales de 1964.
Tomado del libro de Enrique G Encinosa


viernes, 6 de julio de 2018

MASACRE DEL RIO CANIMAR

 Colaboracion de Jose Bello

18:47 (Hace 4 horas.)
para
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MASACRE DEL RÍO CANÍMAR.
6 DE JULIO DE 1980
La masacre del río Canímar: 38 aniversario.
El 6 de julio del 2018 se cumple el 38 aniversario de lo que se conoce como “la masacre del río Canímar”. Porque 14 años antes del hundimiento del remolcador “13 de marzo” hubo un acontecimiento casi idéntico del que el régimen cubano salió mejor librado incluso que del crimen de 1994. En los mismos días en que todavía se estaba produciendo el éxodo del Mariel tres jóvenes intentaron secuestrar una embarcación turística en el área de la bahía de Matanzas tripulada por entre 60 y 100 personas. Mientras intentaban escapar fueron perseguidos y ametrallados por las autoridades y luego hundidos. El número exacto de víctimas todavía se desconoce aunque se fija alrededor del medio centenar de personas, entre ellas un número indeterminado de mujeres y niños. ("El número preciso de víctimas quedó en secreto, pero se cuentan al menos 56, incluyendo niños de 3, 9, 11, y 17 años" nos dice un informe de Archivo Cuba). Sólo sobrevivieron diez personas y se rescataron 11 cadáveres
El 6 de julio de 1980, el barco de río «XX Aniversario» salió del centro turístico Canímar Abajo, situado en las márgenes del río Canímar, en Matanzas, con más de 60 pasajeros. Sergio Aguila Yanes, de 19 años, sargento en el ejército cubano, reclutó a su hermano menor Silvio y a sus amigos Roberto y Humberto, y juntos habían planeado la fuga. Cuando el barco se alejó de los muelles, sacaron sus armas e intentaron tomar por sorpresa a los guardias. No pudieron y cuando uno de los guardias sacó la pistola, Sergio disparó primero y lo hirió. Pronto el barco estuvo bajo control de los muchachos, que ordenaron a su capitán que se desviara hacia los Estados Unidos. 
El informe del tiroteo no tardó en llegar a Julián Rizo Álvarez, primer secretario del Partido en Matanzas, que inmediatamente convirtió un restaurante local en puesto de mando con teléfonos directos a la oficina central del Partido y a Fidel Castro, que le dio órdenes explícitas de que no se podía permitir que el barco se escapara. Fidel Castro subrayó a Rizo Álvarez «que pase lo que pase». Rizo despachó enseguida varias lanchas torpederas para que detuvieran el «XX Aniversario». Los barcos de guerra, más pequeños y más rápidos, se acercaron al barco e insistieron en que pararan y regresaran a Cuba. Los muchachos decidieron no obedecer las demandas del gobierno y siguieron hacia el norte. Después de que le notificaron por radio que las torpederas no podrían detener al «XX Aniversario», Rizo tomó una decisión. «Las órdenes fueron no permitir que el barco saliera de Cuba, aunque eso significara hundirlo». Como si supieran lo que iba a ocurrir, algunos de los pasajeros levantaron a sus hijos rogando a los barcos del gobierno que no dispararan. Rizo dio la orden de disparar y comenzó la masacre de los hombres, mujeres y niños que estaban a bordo del «XX Aniversario». 
A pesar de que había dos barcos completamente armados atacando al «XX Aniversario» y a sus pasajeros, Rizo despachó otro patrullero más fuertemente armado y a un avión que empezó a circular encima. Los pilotos del avión empezaron el ataque justo antes de que el barco de río saliera de las aguas cubanas. Después que el avión hizo dos pases mortales, el barco estaba aun milagrosamente a flote, aunque sólo capaz de navegar en círculo. Para entonces, casi la mitad de sus sesenta pasajeros estaban ya muertos o heridos. Cuando se dio cuenta de las repercusiones internacionales que habría si el «XX Aniversario» se escapaba, Rizo tomó el mando del enorme «23 de Mayo» y le ordenó que interceptara y hundiera el barco de río, mucho más pequeño. La tripulación del «23 de Mayo» llevaron a cabo las órdenes de hundir el barco, embistiéndolo por el medio. Buscando su seguridad, Sergio había llevado a todas las mujeres y niños a la bodega para que estuvieran fuera del alcance de las balas. Aunque el primer golpe no hizo mucho daño al barco, las mujeres y los niños, ahora atrapados abajo, empezaron a gritar histéricamente. Segundos más tarde, el «23 de Mayo» embistió por segunda vez al barco y casi lo partió en dos. Al empezar a llenarse de agua el «XX Aniversario», Sergio le dijo a Roberto, el amigo de dieciséis años: «Perdóname, Papito» y fue a la cabina. Entre los frenéticos gritos de las mujeres y los niños de la bodega, Sergio sacó la pistola y le gritó a Roberto: «Los comunistas no me cogerán vivo nunca». Dirigió la pistola a la sien y se mató. 
Roberto Calveiro aún recuerda que las aguas se enrojecieron alrededor de los cuerpos de los hombres, mujeres y niños balaceados. También fue testigo del ahogamiento de los que sobrevivieron la matanza inicial pero que no pudieron soportar la fuerza del mar y se hundieron sin volver a salir más. El propio Calveiro saltó al agua y empezó a nadar, pero cuando los patrulleros lo vieron le empezaron a disparar. Más tarde, cuando fue recogido en el mar por el cabello y golpeado en un patrullero, los guarda fronteras que le dispararon le confesaron: «Chico, no sé cómo pudiste sobrevivir con todas las balas que te disparé». Cuando llegaron al fin a la costa, los guardias le dijeron a Roberto que se echara a correr. Roberto se negó, sabiendo bien que le dispararían. Aunque había salvado la vida, le esperaban muchas otras experiencias al muchacho de 16 años en los próximos doce años, que pasó en una cárcel cubana. El régimen rescató sólo 11 de los cadáveres de los casi cuatro docenas de hombres, mujeres y niños masacrados ese día. El gobierno no les dio ninguna explicación a las familias de los desaparecidos, solo que habían muerto en el mar durante el «secuestro» de un barco. El gobierno no permitió entierros comunes. Antes de permitir a los diez sobrevivientes que regresaran a casa, les ordenaron no hablar con nadie sobre el incidente y no reunirse en grupos en que hubiera más de dos de ellos presentes. Durante los próximos dos años, tuvieron agentes del gobierno estacionados para monitorear sus actividades, mientras intentaban sobornar a los familiares de las víctimas, así como a los sobrevivientes, dándoles televisores, refrigeradores y otros equipos usualmente reservados para altos funcionarios del gobierno.
¡Cuba Duele!
¡Prohibido Olvidar!
Mario Herrera.
HERRMAR.

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martes, 3 de julio de 2018

CAMPO DE CONCENTRACION EL MIJIAL

Colaboración de Jose Bello

2 jul. 2018 20:13 (Hace 14 horas.)


EL MIJIAL      
                                  
Por Angeael Bueno

En la década del 60, la cárcel de Boniato estaba sobrepoblada de presos políticos. Las celdas, el comedor y los pasillos de los 10 pabellones estaban abarrotados. Las cordilleras, traslados violentos, donde los esbirros de la guarnición golpeaban y herían con bayonetas, tubos, palos y cadenas a los presos que eran trasladados a otras cárceles y campos de concentración. Estas eran realizadas a menudo por la falta de capacidad en la cárcel de Boniato.
En una de esas cordilleras un numeroso grupo fuimos trasladados a El Mijial un campo de concentración al estilo nazi, construido por los Castros en medio de la nada, dentro de cañaverales en la zona de Velazque en el término municipal de Puerto Padre. Este campo estaba ubicado en el centro de un una alambrado de púa a 10 centímetros de separación y una altura de tres metros y garitas con guardias fuertemente armados a todo el rededor de un perímetro desolado y polvoriento donde construyeron barracas de madera y techo de zinc.
De allí, cada mañana nos sacaban en “guarandingas” (nombre con que apodamos a las carretas tiradas por tractores), y en camiones a los campos a cortar, desherbar o sembrar caña, tratando de hacernos trabajar en esas labores agrícolas. Los campos designados para forzarnos a trabajar eran rodeados por cordones de guardias armados y supervisores (abuelitos) que se movían dentro del grupo de presos arengando para que trabajáramos, y dejáramos la actitud de brazos caídos que manteníamos, y de esbirros que se encargaban de golpear a sus antojos a aquellos que ellos consideraban que no trabajaban al paso deseado. Muchos fueron los heridos por estos esbirros que utilizando el filo de los machetes, punta de bayonetas y palos nos atacaban para hacernos trabajar más rápido, solo consiguiendo que nuestros pasos fuesen más lentos aún. En uno de esos encontronazos con la guarnición el 5 de mayo de 1967, en un campo que estaban desherbando fue asesinado el matancero Casiano Pérez, ocasionando que todos los presos se sentaran en el suelo negándose a levantarse hasta ser regresado al campo de concentración. Las condiciones de vida dentro del recinto y en los campos de trabajo forzado eran inhumanas y ni hablar de la manera en que éramos alimentados.
Si los presos sufrimos maltratos y abusos, nuestros familiares también tuvieron su buena cuota de dolor, sacrificio y humillaciones por parte de la dictadura y sus simpatizantes. En esa época, muchos de los que una vez dijeron ser amigos, dejaron de visitar a nuestros familiares y hasta les negaban el saludo al cruzarse en las calles o caminos por temor a “contaminarse”. Las bochornosas requisas a que eran sometidas nuestras mujeres por desfachatadas e inmorales ¿hembras? militares, como la famosa homosexual “Alicia” en la cárcel de Boniato, que disfrutaba su “trabajo”.( Esta, debe de estar hoy ardiendo en el infierno por sus abusos y corrupción). A quienes estuvimos en el campo de concentración de El Mijial, no se nos puede olvidar el trabajo que pasaban nuestros familiares al tener que caminar varios kilómetros por aquel inhóspito terraplén, rodeado solo de cañaverales, donde no había ni un solo árbol donde guarecerse del ardiente sol y a veces de los fuertes aguaceros. Muchas otras penurias tuvieron que sufrir, como las de tener que viajar hasta Isla de Pinos, y muchas veces cuando llegaban a su destino les informaban que a su familiar se les había suspendido la visita. El rastro de dolor, sangre y muerte que dejó el Histórico Presidio Político, algún día llenará muchas páginas en la historia de nuestra querida patria.
De las acciones de los esbirros castristas no se podía ni se puede esperar menos, pero lo que duele y es incomprensible es las de los vecinos y MUCHOS familiares que les voltearon las espaldas a quienes una vez compartieron mesas, comparsas, alegrías y dolor. A los esbirros castristas, que tanto daño nos hicieron, si Dios quiere que les perdone, yo jamás lo haré. A los hipócritas que les hicieron el juego, quizás les perdone, pero jamás olvidaré sus acciones.

jueves, 28 de junio de 2018

ASESINAN A TIROS A PACO-PICO


ASESINATO DE PACO-PICO EN ISLA DE PINOS


Por Servando Infante Jiménez
Pabellón de Çastigo — Prisión de Isla de Pinos 28 de febrero de 1967.
Suena un candado, se abre una puerta y se cierra.
¿Quién eres?
Francisco Nodal, conocido por Paco Pico.
—¿Por qué te traen?
No sé. Me dijeron recoge toalla, jabón, pasta y cepillo, y aquí estoy. Para traerles las buenas noticias, los expedientes de ustedes están en el edificio, "nos vamos para Cuba", 6:00 pm. Cambio de guardia.
El guardia que entra abre las llaves del agua para que cojamos la de la comida.
Y tú, ¿por qué no has comido?
—Porque no voy a comer hasta que me digan por qué me han traído aquí.
Deja que yo regrese pa' ver si tú comes o no.
Después de terminar de poner el agua a todas las celdas, regresa.
—¿Vas a comer, o no?
Ya le dije que hasta que me digan por qué estoy aquí, no voy a comer.
—Tú eres muy maricón para decirme a mí que no vas a comer.
Se retira y trae un recluta del Servicio Militar Obligatorio (SMO) que hacía posta fuera. Lo deja en el vestíbulo. Saca a Paco Pico de la celda y ya en el vestíbulo, ordena al recluta que monte el fusil R2. Le grita a Paco Pico:
Vas a comer porque me sale de los cojones, tú eres muy mancón.
—Más maricón eres tú.
Licho, que es como se llama el guardia, levanta un machete para darle a Paco Pico. Este se revira.
Tírale —le grita al recluta.
Se oye un disparo. Silencio absoluto. Cinco o seis minutos después.
"Estoy llamando del pabellón disciplinario. Un preso se me reviró y el recluta le disparó. Parece que está muerto"
Unos diez minutos más tarde se oye que llega un carro frente al pabellón.
Más tarde nos enteramos que Paco Pico había muerto al llegar al hospital.




miércoles, 27 de junio de 2018

DE PIE ANTE LAS BALAS EN ISLA DE PINOS


DE PIE ANTE LAS BALAS
                                  José Miguel Torres Calero (EPD)

Durante la etapa del trabajo forzado nuestras vidas siempre estuvieron en peligro, dado el poco respeto que se tenía por la vida humana. El 9 de Diciembre de 1966 se produjo un tiroteo de enormes proporciones, en el que mataron a Eddy Alvarez Molina y Danny Crespo, hiriendo también de bala a René González Guerra.
Estábamos regando abono en la finca El Abra, cerca  de Nueva Gerona. La primera pareja que llenó el “jolongo”, tomó un surco que estaba bastante cerca del cordón, y uno de los custodios le disparó, ahí mismo empezó un fuego cruzado, que atrapó al propio sargento y cabos del bloque que empezaron a gritar tratando de detener aquel tiroteo. Los cabos estaban aterrorizados, pero entre los presos se produjo una reacción sorpresiva e inconcebible para personas ajenas a la dinámica humana que se vivía en los bloques de trabajo forzado: los presos no nos tiramos al suelo; los tiros cruzando y los presos de pie.  Los cabos nos gritaban desde el suelo diciendo que estábamos locos, y hubo respuestas muy originales, en especial un grito muy claro de José Candelario que recuerdo perfectamente: “No nos tiramos al suelo porque nos roncan los cojones y hay que matarnos  parados”.
La balacera se mantuvo bien cerrada sus tres o cuatro minutos.  Al terminar los disparos, los presos empezaron a coger palos, piedras, lo que hubiera, y los cabos se dividieron tratando por una parte de  controlar a los guardias del cordón y por otra a nosotros, hasta que vimos a los heridos desangrándose y la cordura se impuso.
Inmediatamente, Alberto Walsh, Lionel Rodríguez y José Candelario hablaron con el Jefe del bloque y le dijeron muy enérgicamente, pero controlando el tono y el sentido de las palabras, que los compañeros heridos no se podían quedar allí y que nosotros íbamos a sacarlos de todas maneras. Los cabos respondieron que no había camiones disponibles, y nuestra respuesta fue que los íbamos a cargar y salir a la carretera para detener algún vehículo, que le garantizábamos que nadie se iba a fugar, y que si no nos creían, ya podían empezar a disparar porque íbamos a cruzar el cordón. Así lo hicimos y logramos finalmente detener un camión y colocar los heridos en el mismo; por supuesto, nadie se fugó.
Minutos más tarde, llegaron alrededor de cien guardias y varios oficiales armados para combatir, incluyendo dos tanquetas.
En el camino hacia el presidio murió Eddy y el 25 de Diciembre falleció Danny.

Pepe Bello, colaborador


sábado, 23 de junio de 2018

TAMBIEN MURIO NENITO, "EL BUEY"

Anoche 21 de junio se dieron cita en la funeraria, familiares, expresos políticos y amigos de Víctor Hernández "Nenito", para despedirlo terrenalmente. Fue un encuentro de emotividad familiar y patriótico.
Los familiares adoraban a Nenito y el momento más hilarante fueron las palabras de su nieto, pronunciadas con ingenuidad e inocencia, que nos relató acerca de uno de los cuentos que le hacía a su abuelo, cuento que nos puso a todos a reír sin inhibición.
Nenito es uno de...
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LA MASACRE DE LA CEIBA

La Masacre de la Ceiba

El desgarrador testimonio de Aldo Chaviano Rodríguez, guerrillero del Escambray contra la dictadura totalitaria, es una dolorosa muestra de la crueldad y vesania del castrismo,  que el escritor José Antonio Albertini relata con visos de ficción en su obra atemporal "Un día de Viento".

Chaviano y 23 compañeros, recibieron una petición fiscal de pena de muerte en los pabellones de Isla de Pinos, meses después fueron trasladados para Santa Clara, con excepción de Cristóbal Airado, a quien le dijeron: “te salvaste de una buena”. La condena había sido dictada antes del juicio.

Permanecieron en el G-2 de Santa Clara varios días. Fueron separados del grupo Makario Quintana Carrera, “Pata Plancha”, y Aquilino Cerquera, al día siguiente, los 21 restantes fueron conducidos al campo de concentración de El Condado y encerrados en una celda.

Les entregaron una nueva petición fiscal también con pena de muerte. Horas después, cuando almorzaban, fueron informados de que era su última comida  a la vez les mostraron los cadáveres de Quintana y  Cerquera, que antes de ser fusilados fueron paseados por la ciudad de Trinidad en un camión con alto parlante que invitaba a la ciudadanía a presenciar la ejecución de los dos prisioneros.

Al día siguiente fueron conducidos a la Torre vieja de Iznaga, hasta un campamento militar en el que hicieron la caricatura de juicio. Los 21 fueron sentados en el comedor de la base, el fiscal del Tribunal Militar fue  el sádico y brutal Humberto Jorge, presidía el capitán Pinto Abeledo, el resto eran comandantes, capitanes, todos oficiales de tropa y del G-2,  más de quinientos guardias de custodias y varias mujeres y hombres como testigos de cargo.

Llegó un camión con las cajas en las que iban a ser sepultados y les dijeron: "miren, para que las vean, ahí están", según Chaviano el objetivo de aquella exhibición era para ver si alguno de los acusado se atemorizaba, pero afirma que no fue así, "que la gente se portó muy bien".

Cuenta que el juicio duro doce horas y que les dieron agua en una latica con un palito, permanecían amarrados a la espalda y un miliciano les aguantaban por cada mano aunque estaban atados, recuerda que como a la una de la madrugada el tribunal se retiro para deliberar, regresó quince minutos después, anunciando la sentencia a muerte de 21 personas, pero Chaviano rectifica su relato al decir que fueron 23 las condenas, porque allí  también se celebró el juicio de los dos que habían sido fusilados con anterioridad.

Les informaron que tenían derecho a apelar, supuestamente las apelaciones se decidían en un tribunal superior en la capital, pero en pocos minutos regresaron con la sentencia definitiva, seguían atados a las espaldas en plena madrugada y entre las lomas en las que habían peleado contra el comunismo, las sentencias fueron dictadas una a una, recuerda Chaviano que en aquella interminables relación de condenados a muerte escuchó su nombre, tenía 20 años, y el de Eladio Romayor Díaz  con una sentencia de 30 de prisión de los cuales cumplió 26.

Pudo conversar con dos de los que iban a fusilar, Líster Álvarez y Blas Rueda quien le dio una cosa para su padre que pudo entregar 26 años después al hermano de Rueda.

"A los diez y nueve hombres los amarraron pegados a la cerca. Empezaron a gritar “abajo el comunismo” y varias cosas más. Ellos llevaron para que presenciaran la ejecución  a los acusadores, testigos, a todo el público. Pusieron tres camiones para alumbrar el lugar escogido para la matanza, cuenta que hubo muchos disparos,  y el tiro de gracia nunca fue uno, menciona a  Carlos Brunet, uno de los fusilados, que quedó de pie aunque recibió muchos disparos, comenta, “a veces  no te dan bien y no caes. Fueron una tonga de tiros, si no te vas con uno, te vas con dos, con tres. Participaron varios oficiales, no es eso que tú vez en películas. Los comunistas no hacen eso, a ellos les conviene  poner una pila de oficiales.  Ellos les tiraron con armas automáticas a todos".



Pedro Corzo
Periodista
(305) 498-1714